Werner Gutiérrez: Ya le es imposible engañar el hambre

Werner Gutiérrez: Ya le es imposible engañar el hambre

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El hambre y la desnutrición van dejando en nuestro pueblo, hondas e imborrables cicatrices. Es imposible no alarmarnos como sociedad ante el hecho cierto, que aunque lográsemos superar en el corto plazo la actual tragedia del “Socialismo del Siglo XXI” que amenaza con destruir el más alejado campo de arroz, desaparecer el más pequeño rebaño y asfixiar la última empresa agroindustrial, ya hemos hipotecado el futuro del 16,2% de nuestra infancia que según la organización Caritas de Venezuela presentan desnutrición moderada y severa al cierre del 2017. En lo que va de año, la situación se ha agravado aún más, y para el segundo semestre, cuando se comiencen a medir las terribles consecuencias de haber perdido el año agrícola 2018, ningún pronóstico, estará cerca de las dimensiones reales de la catástrofe que vamos a padecer.

La desnutrición ya no solo se manifiesta en aquellos infantes que deambulan por las calles en busca de un trozo de alimento, llevando a su boca restos de basura, o en aquellos que abandonan el país junto a sus padres. Marianella Herrera, especialista en nutrición de la Fundación Bengoa, nos sacude con la noticia que la desnutrición de los niños venezolanos se está produciendo incluso desde “la gestación en el vientre de sus madres”.

Son diversos los organismos internacionales, gobiernos y parlamentos que se han sumado a las denuncias que desde dentro diversas voces veníamos realizando hace ya casi una década atrás, sobre el difícil escenario que nos tocaría padecer. Durante visita a la frontera colombo – venezolana la Eurodiputada, Beatriz Becerra, denunciaba que “…cientos de miles de venezolanos están saliendo despavoridos, huyen directamente del hambre”. La Doctora Carolina Deschiave, miembro de la Unidad Sanitaria Cascos Blancos de Argentina, instalados en el Departamento Norte de Santander en el país neogranadino advierte “la mayoría de los niños venezolanos atendidos, están por debajo de la talla y peso para su edad, están desnutridos”

 

La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en el informe “Violaciones de los Derechos Humanos en la República Bolivariana de Venezuela: una espiral descendente que no parece tener fin”, considera que las políticas económicas y sociales implementadas por el gobierno, menoscaban el derecho a la alimentación de los venezolanos, señalando que la disponibilidad de alimentos ha caído a niveles críticos. Concluye este informe que los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) poco contribuyen a solucionar la crisis alimentaria determinando que este mecanismo no cumple con los estándares para la protección del derecho a la alimentación considerando que “el contenido nutricional de las cajas bajo en proteínas y vitaminas, y alto en grasas, azúcares y carbohidratos no cubren las necesidades alimenticias semanales de una familia; los miembros de los comités locales pueden tomar decisiones arbitrarias a la hora de designar a los beneficiarios y, el programa ha sido utilizado como una herramienta para la propaganda política y el control social”

 

En cualquiera de las 850 protestas registradas en Venezuela en mayo por el OVCS fue común escuchar los gritos “no queremos cajas, queremos sueldos dignos”. Ese tipo de consignas son peligrosas para el gobierno. Nuestra gente, la que sufre y palidece mientras el ingreso mínimo mensual recién decretado por Nicolás Maduro de 5.196.000 Bs, se les diluye en un suspiro ante el costo de la Canasta Alimentaria Familiar, 220.138.620,81 Bs (CENDAS), se niega a continuar arrodillándose por una caja, a seguir creyendo las historietas de la guerra económica. Presenciamos un gobierno desnudo ante el mundo, y ante su pueblo, al cual le es imposible engañar el hambre. Un gobierno que de manera criminal, permanece anclado en las obsoletas y absurdas ideas de criar cabras en nuestras casas, mientras ordenan invadir y expropiar fincas, confisca agroindustrias, pretenden apoderarse del 70 % de la producción del sector privado, y fijar precios a los alimentos en una economía en hiperinflación, llevando al país a toda marcha, a un seguro naufragio.